Economía
Moody’s deja a México a un escalón del grado especulativo y el mercado mide el costo fiscal
La rebaja a Baa3 confirma el deterioro del perfil crediticio soberano, aunque la perspectiva estable reduce el riesgo de otro ajuste inmediato.
Moody’s Ratings rebajó la calificación soberana de México a Baa3 desde Baa2, el último peldaño dentro del grado de inversión en su escala, y cambió la perspectiva de negativa a estable. La decisión, anunciada el 20 de mayo de 2026, confirma una presión que el mercado ya venía incorporando tras varios meses de señales de cautela de las principales agencias calificadoras.
La agencia atribuyó el recorte al debilitamiento de la solidez fiscal del país, en un contexto de gasto rígido, base de ingresos limitada, menor crecimiento económico y apoyo continuado a Petróleos Mexicanos. Con el movimiento, México queda más cerca del umbral especulativo: Moody’s y Fitch lo ubican ahora apenas un escalón por encima de perder el grado de inversión, mientras S&P mantiene una nota más holgada, aunque con perspectiva negativa.
La rebaja no llega en el vacío
El ajuste de Moody’s ocurre después de una secuencia de advertencias sobre el perfil soberano mexicano. El 12 de mayo, S&P Global Ratings mantuvo la nota de México en BBB, pero cambió la perspectiva de estable a negativa por el riesgo de una consolidación fiscal más lenta, bajo crecimiento y una carga de intereses creciente.
Antes, Fitch había confirmado la calificación de México en BBB-, también dentro del grado de inversión, con perspectiva estable. Esa nota ya se ubica en el nivel más bajo de la categoría de inversión. En conjunto, las tres revisiones dejan un mensaje claro para inversionistas: el país conserva acceso al universo de deuda con grado de inversión, pero con menor margen de maniobra frente a choques fiscales o de crecimiento.
El propio mercado venía descontando parte de ese deterioro. La perspectiva negativa que Moody’s mantenía desde noviembre de 2024 implicaba una probabilidad elevada de recorte, y el debate entre analistas se había concentrado en si la agencia movería la nota o esperaría a ver más avances en la consolidación fiscal.
Pemex, déficit y bajo crecimiento, los puntos sensibles
La presión fiscal no se explica por un solo factor. Moody’s señaló que el gasto rígido y las prioridades de política pública limitan la capacidad del Gobierno para estabilizar la deuda. Entre los elementos más observados por las agencias está el apoyo a Pemex, una empresa que por años ha requerido respaldo financiero del soberano y que sigue siendo una fuente de riesgo para las cuentas públicas.
De acuerdo con reportes de mercado sobre la decisión, Moody’s prevé que los déficits del Gobierno federal más la seguridad social se mantengan por encima de 4% del PIB en 2026 y 2027, debido a rigideces del gasto, menor dinamismo de los ingresos y una economía más débil de lo esperado. Ese punto es relevante porque el ritmo de crecimiento condiciona la recaudación y, por lo tanto, la velocidad con la que Hacienda puede reducir el déficit sin recortes más fuertes o nuevos ingresos.
La Secretaría de Hacienda respondió que confía en que Moody’s no volverá a bajar la calificación en los próximos 18 meses, apoyándose en el cambio de perspectiva a estable. También destacó la solidez del marco macroeconómico y la resiliencia de la economía mexicana frente a choques externos.
Efecto dominó sobre empresas estatales y bancos
La rebaja soberana ya empezó a trasladarse a emisores vinculados al perfil crediticio del país. Moody’s redujo la calificación de la Comisión Federal de Electricidad de Baa2 a Baa3 y modificó su perspectiva a estable, en línea con el recorte al Gobierno mexicano como proveedor de apoyo.
También hubo impacto sobre el sistema financiero. Moody’s rebajó las calificaciones de bancos mexicanos como Banorte, BanBajío y Banamex, además de las filiales locales de BBVA y Santander. La razón es que parte de sus perfiles crediticios está alineada con la nota soberana o limitada por ella.
Para el mercado, el punto de fondo no es solo la rebaja en sí, sino el costo de financiamiento que podría implicar si aumenta la percepción de riesgo. Una calificación más baja tiende a encarecer la deuda para el soberano y puede filtrar presión hacia empresas públicas, bancos y corporativos que dependen de los mercados internacionales.
Qué mirarán ahora los inversionistas
El cambio de perspectiva a estable reduce la probabilidad de una nueva baja en el corto plazo, pero no elimina los riesgos. Los inversionistas seguirán de cerca tres variables: la trayectoria del déficit, el crecimiento económico y el monto de apoyo fiscal a Pemex y otras empresas estatales.
Si Hacienda logra una consolidación creíble y la economía recupera tracción, México podría estabilizar su perfil crediticio en el grado de inversión. Si, por el contrario, el crecimiento sigue débil y las presiones de gasto se mantienen, el margen frente al grado especulativo será cada vez más estrecho.
Aviso: este contenido es informativo y no constituye recomendacion de inversion.